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EL RASTRO DE LA SANGRE

Contenido:

Los hijos son un regalo de Dios

Los hijos no son nuestra posesión personal

Los hijos deben ser dedicados a Dios de nuevo

Los hijos deben aprender de Dios en el hogar

Aproximadamente seis millones de niños nacerán en los Estados Unidos de América este año. Muy poco de ellos se criarán en hogares cristianos, y solamente un porcentaje reducido de esos niños en los hogares cristianos serán dedicados a Dios.

Dedicarle  un hijo a Dios significa desear lo que el Señor desea para ese niño. Soltar a los hijos es una cosa muy difícil; pero para poder entregarle a Dios nuestros hijos, debemos remover nuestras manos y soltarlos a la voluntad y el propósito de Dios. Esto debe continuar por el resto de sus vidas, si confiamos sinceramente que la voluntad de Dios es lo mejor para sus vidas.

Yo soy un esposo y un padre de dos hijos. Ambos hijos ya están casados y tienen sus propios hijos. Me recuerdo cuando ellos nacieron, y me acuerdo de todas las esperanzas y los sueños que guardaba en mi corazón para ellos. Le doy gracias a Dios por el privilegio de haberlos visto crecer; pues soy testigo de la obra de Dios en sus vidas. El Señor los ha cuidado a través de muchos peligros. Dios los ha librado y guardado a través de todos estos años.  

Su madre y yo, de rodillas, entregamos ambos hijos a Dios. Recuerdo cuando públicamente los llevamos al frente del altar en la casa de Dios; sosteniéndolos en los brazos, se los presentamos al Señor. Esto era algo que ya nosotros habíamos hecho en privado. Se los entregamos al Señor de nuevo. Esto fue sólo el comienzo de someterlos al Señor para Su plan y propósito. 

En el primer capítulo de1 Samuel, encontramos la historia de Elcana y Ana, el padre y la madre de Samuel. Muchos cristianos conocen la historia de Samuel y cómo Dios lo usó de una manera maravillosa y un modo incomparable con otros hombres de su generación. Dios lo usó en una época crítica en la historia de la nación de Israel. Todo esto fue resultado de la oración de una mujer. Ella le pidió a Dios que le diera un hijo, y ella hizo un voto a Dios de dedicarle su hijo a Él.

Mientras pensamos en todo lo malo de nuestra nación y la necesidad de un avivamiento espiritual que honre a Cristo, tenemos que recordar cómo Dios usó al niño que le fue dedicado a Él, y cómo la nación de Israel fue bendecida por la vida de Samuel. Que Dios nos ayude a dedicar nuestros hijos e hijas al Señor para Su servicio.

El Señor registra la hermosa historia de Samuel y Ana en 1 Samuel 1:10-11:

"Ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabez".

Ana dedicó su hijo a Dios, pero no solamente siendo un bebé. Cada día de su vida, ella renovó el voto que le había hecho al Señor. Debemos recordar que dedicarle nuestros hijos a Dios no termina cuando los presentamos al Señor como recién nacidos. Esto es simplemente el principio.

Cuando ella lo llevó al hombre de Dios, la Biblia dice en los versículos veintisiete y veintiocho del mismo capítulo:

"Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí. Yo, pues, lo dedico también a Jehová; todos los días que viva, será de Jehová. Y adoró allí a Jehová".

En el versículo once, Ana hizo su voto a Dios. Ella dijo: "Yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida".

Los hijos son un regalo de Dios

Tenemos que reconocer que los hijos son un regalo de Dios. La Biblia dice en Salmo 127:1-3:

"Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia. Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, y que comáis pan de dolores; pues que a su amado dará Dios el sueño. He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre".

En esta generación, hay niños a quienes se les han dado el título de "niños rechazados". Esta frase representa las ideas ateas que actualmente han sido institucionalizadas en nuestro mundo. Una y otra vez, tenemos que recordar que los niños son un regalo de Dios. La Biblia dice: "Herencia de Jehová son los hijos".

Cuando la concepción toma lugar y la vida comienza, es una obra milagrosa de Dios. Los niños son un regalo de Dios.

En el capítulo treinta y tres de Génesis, encontramos el testimonio de la reunión entre Jacob y Esaú, después de haber estado separados por mucho tiempo. Jacob tenía temor de lo que le pudiese pasar cuando viera a su hermano Esaú. Esta tierna y conmovedora historia está registrada en Génesis 33: 4 -5:

"Pero Esaú corrió a su encuentro y le abrazó, y se echó sobre su cuello, y le besó; y lloraron.

Y alzó sus ojos y vio a las mujeres y los niños, y dijo: ¿Quiénes son éstos? Y él respondió: Son los niños que Dios ha dado a tu siervo".

Esaú quería saber quiénes eran estas personas. Jacob le respondió: "Son los niños que Dios ha dado a tu siervo". Cuando usted mira a sus hijos, ¿se recuerda que estos son los hijos que Dios le ha dado? Los hijos son un regalo de Dios.

Los hijos no son nuestra posesión personal

Ciertamente, nosotros somos muy posesivos con nuestros hijos. Esto en un instinto natural que Dios pone en el corazón de un padre. Los padres tienen un sentimiento afectuoso y amoroso que es muy natural y necesario, pero debemos recordar que no estamos criándolos para nosotros. Estamos criándolos para Cristo, y para los compañeros(as) que ellos(as) conocerán más tarde y algún día se casarán.

Nuestros hijos son nuestros, pero sólo son nuestros para criarlos. Ellos son puestos bajo nuestro cuidado y seguridad por sólo un tiempo, aunque continuamos la relación de padre e hijo a través de los años.  

Mientras los criamos, debemos tener presente que lo que queremos para sus vidas no es nuestra voluntad, sino la voluntad de Dios. No debemos tratar de conformarlos a nuestra imagen; en vez, debemos someternos a Dios, orando para que Él guíe y dirija a nuestros hijos, haciéndolos de la manera que Él quiere que ellos sean. El deseo de Dios es transformarlos a la semejanza de Jesucristo, por medio de la existencia del Espíritu Santo morando en sus vidas.

Lo más difícil para los padres es confiar sus hijos a Dios. Sin embargo, debemos recordar que los estamos criando para el Señor.

Los hijos deben ser dedicados a Dios de nuevo

La Biblia no solamente nos enseña que los hijos nos son entregados para criar, pero también nos enseña que debemos dedicárselos de nuevo a Dios. Ésta es una decisión deliberada que los padres deben hacer. Es un pacto entre los padres y Dios. En un sentido, esto significa que debemos remover nuestras manos fuera de las circunstancias y negocios de sus vidas, y reconocer que Dios puede obrar a través de todas las cosas para el bien de nuestros hijos y para Su gloria. Cuando las cosas no vayan bien, Dios aún puede obrar para bien dentro de una mala circunstancia. Cuando tal parece que una persona ha entrado en sus vidas que no es la persona que nosotros hubiésemos escogido para ellos, de alguna manera, Dios puede tomar esta situación y tornarla para Su gloria y el bien de ellos.

Por favor, no me malinterpreten. Nunca debemos violar ningún principio bíblico en lo que concierne a criar a nuestros hijos. Tampoco nuestros hijos deben violar ningún principio bíblico para justificar lo que ellos están haciendo con sus vidas.

Yo nunca puedo estar seguro de lo que mis hijos van a hacer en el futuro. Siempre he tratado de tener cuidado de no presumir o vanagloriarme de lo que ellos pueden y no pueden hacer. Nunca sé a dónde Dios los va a mandar o lo que Dios va a hacer con ellos.

Cuando yo era bebé y mi madre me sostuvo en los brazos, ella no tenía la menor idea que algún día yo sería pastor de una iglesia y presidente de un colegio. Esto es lo que Dios ha escogido para mi vida. Estoy contento con lo que Dios ha designado para mi vida. Dios me creó y Él sabe lo que es mejor para mi vida. El Señor me ha guiado y ha dirigido mi vida. 

La Biblia dice en Romanos 8:28: "Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados". Los padres deben dedicar de nuevo a sus hijos y confiar que Dios dirigirá sus vidas.

En la preciosa historia bíblica de José encontramos que mientras José se revelaba a sus hermanos, el Señor también se revelaba a José de una manera maravillosa. José reconoció la mano y dirección de Dios en su vida. José le dijo a sus hermanos que aunque ellos le habían vendido, Dios era el que lo había enviado (Génesis 45:5).  

Los hijos deben aprender de Dios en el hogar

El hogar es el lugar más natural para aprender acerca de Dios y de Sus caminos. Al preguntarle si tiene un hogar cristiano, puede que usted responda: "Tengo una Biblia en mi hogar; tengo placas colgadas en las paredes con versículos de la Biblia". Pero estas cosas no hacen a un hogar cristiano.

El hecho que ambos padres sean creyentes no garantiza necesariamente que el hogar sea cristiano. El hogar cristiano es un hogar donde el padre y la madre han rendido sus vidas por completo a Cristo. El Señor Jesucristo no es simplemente un huésped de honor; Él reside allí. No solamente encontramos la Biblia y otros libros cristianos en este hogar, pero también encontramos un lugar donde los miembros de la familia aprenden acerca de Dios y lo que Dios desea hacer en sus vidas.

Un hogar cristiano es un hogar lleno del amor de Cristo, donde el perdón es practicado y donde las personas escuchan y ponen cuidado. Debe ser un lugar natural para la instrucción acerca del Señor y Su obra. Esto es lo que Dios desea. El tener un hogar cristiano tiene que ver más bien con lo que ponemos en él, y no con lo removemos de él. No espere que la iglesia pueda resucitar las cosas de Dios que han sido destruidas en su hogar.

La instrucción comienza en el corazón de los padres

La instrucción debe comenzar en el corazón del padre. La Biblia dice en el capítulo seis de Deuteronomio, versículos cuatro al seis:

"Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón".

¿Por qué creemos neciamente que nuestros hijos van a hacer más de lo que nosotros mismos estamos haciendo? ¿Cómo podemos suponer que nuestros hijos crean más firmemente en la Biblia de lo que nosotros mismos creemos? ¿Cómo podemos esperar que nuestros hijos amen la iglesia más de lo que nosotros mismos la amamos? La instrucción debe empezar en el corazón de cada madre y cada padre.

Como padre, mi  compromiso, mi dedicación, y mi consagración a Jesucristo tienen que ser primero. Dios puede bendecir y usar a niños que nunca han tenido el privilegio de vivir en un hogar cristiano, cuando Él así lo escoge; pero el modelo ideal es que los niños tengan padres cristianos que los instruyan en el Señor.

Cada madre y padre debe asegurarse que es salvo y debe buscar la salvación de sus hijos. Esté seguro que usted le ha pedido a Dios perdón por su pecado, y por fe, ha recibido al Señor Jesucristo como su Salvador personal. Esté seguro que sus hijos no tienen ninguna duda que usted es salvo. Comparta su testimonio con ellos. Viva de tal manera que ellos puedan ver a Jesucristo en su vida propia.

Como padre, si hay cosas en su vida que usted sabe le causarían sufrimiento si estuviesen presentes en la vida de sus hijos, pídale a Dios que le ayude a deshacerse de estas cosas. Muy pocas veces, en nuestras vidas como padres, podemos venir al lugar donde decimos: "Señor, no se haga mi voluntad, sino la tuya". Si los padres cristianos quieren ver este tipo de entrega en las vidas de sus hijos, entonces esta entrega tiene que primeramente tomar lugar en sus propios corazones.

¡Que maravillosa fe en Dios fue demostrada en la vida de la madre de Moisés! Piense en el momento en que ella quitó su mano de la arquilla (el canasto) que sostenía a su precioso hijo, y lo dejó completamente en las manos de Dios.

Enseñe a su hijo diligentemente

La Palabra de Dios nos enseña que cuando dedicamos a nuestros hijos a Dios, esto no se termina en el altar de la iglesia. Debemos enseñarles e inculcarles repetida y diligentemente. La Biblia dice en Deuteronomio 6:7: "Y las repetirás a tus hijos". La palabra diligente significa "la entrega sincera y de todo corazón de nuestra atención a un asunto, tratándolo con suprema importancia, y procurando con certeza que sea cumplido".  Más adelante en la lectura encontramos: "...y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes".

Hay dos detalles muy importantes que debemos saber acerca de la enseñanza de nuestros hijos. Primeramente, debemos siempre mantenernos deleitados con la oportunidad de enseñarles a ellos. A veces no es fácil hacer esto. He oído a padres decir: "Me doy por vencido. Mis hijos nunca ponen atención. Estoy cansado de tratar de enseñarles". Dios no bendecirá esta clase de espíritu y esta manera de sentir.

La Biblia dice en Proverbios 3:12: "Porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere". Aunque nuestros hijos no siempre hacen lo que les pedimos que hagan, debemos estar contentos con tener la oportunidad de trabajar con ellos. Esto está fundado en nuestro entendimiento que Dios nos ha dado a nuestros hijos. ¿Podría ser que en medio de las relaciones con nuestros hijos, Dios también nos hable acerca de los asuntos que necesitan recibir atención en nuestras propias vidas?

Para poder enseñar a nuestros hijos diligentemente, debemos siempre recordar el deleitarnos con la oportunidad de trabajar con ellos. Ésta es la responsabilidad del padre. Muchos padres tienen que pedirle perdón a Dios. Ellos se han dado por vencidos de trabajar con sus hijos; se han olvidado de deleitarse con esta tan maravillosa oportunidad que Dios les ha dado.

El segundo detalle que debemos aprender acerca de enseñar a nuestros hijos es que sus corazones deben permanecer receptivos, y deben tener la capacidad para poder aprender. La Biblia dice en Proverbios 1:7: "El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza".

Se encuentra cierta responsabilidad de parte del padre y de parte del hijo. La responsabilidad del padre está en deleitarse en la oportunidad de instruir. La responsabilidad del hijo está en su disposición a ser instruido.

Dedicarle un hijo a Dios no significa que hacemos una sola decisión, oramos una sola oración, y nuestra responsabilidad ya está cumplida. Dedicarle un hijo a Dios significa reconocer que cuando Él nos da estos preciosos regalos; ellos son nuestros con el propósito de criarlos para Él. Debe haber una decisión deliberada de entregarlos a Dios de nuevo.

El hogar debe ser el lugar de instrucción natural. Es el corazón de los padres que primero debe ser motivado y tocado con las cosas de Dios. Luego, debemos diligentemente enseñar a nuestros hijos, siempre deleitándonos en la oportunidad, y orando para que nuestros hijos sean receptivos a las verdades que les enseñamos acerca de la Palabra de Dios. 

Debemos asegurarnos que nuestro mayor gozo esté en lo que Dios desee que sea hecho. La Biblia dice en 3 San Juan 4: "No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad".

¿Qué les va a pasar a estos hijos que Dios nos ha dado? Nuestros hijos deben ser una bendición, no una carga. Esta bendición viene cuando reconocemos que ellos nos fueron dados por Dios.

Debe haber algo que deseemos para nuestros hijos por sobre todas las cosas. Alguien podrá decir: "Quiero que mis hijos sean saludables". Alguna otra persona podrá decir: "Quiero que mis hijos sean atléticos. Otra persona dirá: "Quiero que mis hijos canten". Algún padre podrá decir: "Quiero que mis hijos tengan una casa bonita y un buen trabajo. Quiero que tengan muchas cosas maravillosas". Puede que usted quiera estas cosas para sus hijos, pero debe haber algo por encima de esta lista.

Cuando una pareja joven se encuentra en el cuarto del hospital con su bebé recién nacido, ellos deben de orar: "Señor, Tú nos has dado este hijo y ahora te lo dedicamos a Ti. Ayúdanos a ser padres responsables para criar este hijo en el camino que Tú has diseñado en Tu Palabra. Nuestra oración sincera y más alta meta para este hijo es que él viva y camine en Tu verdad".

Hay cosas que cada padre piensa que sus hijos deben y pueden hacer, pero sólo hay una cosa que debe ser nuestro mayor gozo. No importa dónde ellos estén o lo que estén haciendo en lo que concierne al mundo, una cosa debe entusiasmar el corazón del padre cristiano más que cualquier otra cosa, y es el ver a sus hijos verdaderamente vivir en la verdad de Dios. "No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad".

¿Qué quiere usted para sus hijos? Cuando los dedicamos a Dios estamos diciendo: "Quiero para ellos lo que Dios quiere para ellos". Su deseo es que ellos caminen en la verdad.

Guíelos para que conozcan a Cristo como su Salvador personal. Sea sensitivo a las oportunidades que el Señor provee para hablar a sus hijos específicamente acerca de conocer a Cristo como Salvador personal. Manténgalos fielmente asistiendo a una iglesia que enseñe y predique la Biblia. Lea la Palabra de Dios con ellos diariamente. Ayúdeles a memorizar la Palabra de Dios. Enséñeles las grandes historias de la Biblia. Ore con ellos, y por ellos. Arrodíllese junto a ellos y permita que ellos mismos dirijan en oración. Escúcheles  hablar con Dios. Como padres, viva la verdad de Dios frente a ellos cada día.

¿Está usted seguro que si muriese hoy iría al cielo?

¿Conoce a Cristo como su Salvador personal? Si Jesucristo regresara hoy, ¿está usted seguro que iría al cielo con Él?

Reconozca que Dios le ama.

Dios le ama y tiene un plan para su vida.

"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna".                                                    Juan 3:16 

La Biblia dice que todos somos pecadores

Nuestros pecados nos han separado de Dios.

"Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios".                         Romanos 3:23 

Dios creó al hombre a Su propia imagen. Él le dio al hombre la habilidad de escoger lo bueno sobre lo malo.  Nosotros escogemos el pecar. Nuestros pecados nos separan de Dios.

La Palabra de Dios también nos dice que el pecado debe ser pagado

"Porque la paga del pecado es muerte".                                                              Romanos 6:23 

La paga significa el premio o la recompensa. La paga de nuestro pecado es la muerte y el infierno, y la separación de Dios para siempre. Si continuamos en nuestro pecado, moriremos sin Cristo y estaremos sin Dios para siempre.

Las buenas nuevas es que Cristo ya pagó por nuestros pecados

Todos nuestros pecados fueron puestos sobre Cristo en la cruz. Él pagó nuestra deuda de pecado por nosotros. El Señor Jesucristo murió en la cruz, y resucitó de los muertos. Él vive para siempre.

"Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros".                                                                                                             Romanos 5:8

Debemos orar personalmente y recibir a Cristo por fe como nuestro Salvador  

La Biblia dice: "Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo".             Romanos 10:13 

Ore y reciba a Cristo como su Salvador personal

Señor, sé que soy un pecador. Si muriese hoy, no iría al cielo. Perdona mi pecado, ven a mi vida y sé mi Salvador personal. Ayúdame a vivir para Ti desde este día en adelante. En el nombre del Señor Jesucristo, Amén.

La Biblia dice: "Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo".      Romanos 10:13 

Nueva vida

La vida eternal comienza cuando recibimos a Cristo como nuestro Salvador personal. 

Pull Quotes

"Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí. Yo, pues, lo dedico también a Jehová; todos los días que viva, será de Jehová. Y adoró allí a Jehová."

1 Samuel 1:27-28

La conmovedora reunión entre Jacob y Esaú

"Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien".

Génesis 50:20

Piense en la maravillosa fe demostrada por la madre de Moisés cuando ella quitó su mano de la arquilla que sostenía a su precioso hijo, y lo dejó completamente en las manos de Dios.

 

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